Después
de tres décadas de haber vuelto a la
democracia en américa latina, esta pasa por una profunda crisis de confianza, y
digo crisis porque en ese contexto la DEMOCRACIA en Latinoamérica se encuentra
en proceso de consolidación, en formación pues aún es joven a comparación de
otros continentes.
Pues
bien en este sentido la democracia enfrenta una serie de desafíos y retos, políticos,
tanto institucionales como culturales, tales como la globalización, la
influencia de las comunicaciones sobre los sistemas políticos y la creciente
brecha en la distribución del ingreso en Latino América; que cada día se
acentúan como responsabilidad de la democracia. Pero sin duda uno de los
mayores desafíos consiste en combatir la pobreza y promover la justicia social
como condición necesaria para que la democracia tenga futuro en la región y se
consolide.
Para
que la consolidación democrática se cristalice es pertinente que se planteen
una serie de mentas y desafíos desde la perspectiva institucional – política.
Como promover la centralidad del sistema representativo “Congreso”, sin duda esto supone la existencia de
autoridades por departamento que se identifiquen y reconozcan las necesidades
de las regiones a las que representan, así mismo es necesario tener como eje o
centro a los órganos de votación popular y de los partidos políticos, para lograr de este modo vincular las
decisiones políticas tomadas por el gobierno – basadas en los intereses y
preferencias del electorado. Estos
desafíos también deben enfocarse en reformar las instituciones políticas para
generar mayor transparencia, responsabilidad y sobre todo mayor compromiso, todo
esto en relación con la ciudadanía y entre los órganos representativos y de
control del gobierno; por citar un ejemplo
la contraloría general de la república debe garantizar
el desarrollo de una gestión eficaz y moderna de los recursos
públicos en beneficio de todos los peruanos. Lamentablemente existen muchas instituciones
del estado que no sirven, que no responden a las necesidades del pueblo.
Por otro lado es de vital
importancia que el estado recupere la confianza y la credibilidad en sus instituciones;
esto contribuirá con nuestro capital social,
generando confianza y cooperación entre la población, desarrollando nuestro sentimiento constitucional –
pues país, nación, estado y política somos todos – tal es así que pese a las dificultades
de la sociedad uno seguirá creyendo en el próximo. De lo contrario seguiremos
alimentados por el clientelismo y
populismo de las autoridades poco competentes que dificultan la integración
social, que son solo caudillos carismáticos que utilizan en sus discursos
“bonitas promesas” y asistencialisan al electorado para conseguir mayor
cantidad de votos.
Para finalizar urge enfatizar los aspectos
éticos y axiológicos en la política, pues somos un
país donde las mentiras ya no
escandalizan, que en muchas ocasiones sigue
dominado por la injusticia, que tolera lo que todos hacen y
peor aún asumimos que nuestros representantes “LOS POLITICOS” llevan el rótulo
invisible de ser corruptos. País
que por ignorancia, amnesia o por
ingenuidad cree a ciegas en aquellos líderes que dicen ser honestos y democráticos,
mismos que hacen negocios turbios y a la
vez editorializan en relación con “los valores de la democracia” y si de
democracia hablamos solo se han limitado a saber que significa.

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